martes, 27 de septiembre de 2016

XIII. Luka



El camino tomado a la dirección indicado en el foro, fue el tramo más aterrador de su vida. No solo desconocía a donde se dirigía; como una dificultad adicional, los colores de todo lo que lo rodeaba lo confundía. Estos eran demasiado intensos para ser soportados por sus ojos, además de presentársele con diferentes e incomprensibles formas. Por ello, durante la mayor parte de la travesía tenía una sensación de pesadez en la cabeza.

Cada vez que intentaba levantar la cabeza y observar directamente hacia donde caminaba, no solo divisaba las sombras que siempre había observado de manera individual; grupos de ellas caminaban por todos lados. Durante momentos sintió la presión por regresar a casa, pero el camino lo confundía, imposibilitándole volver. Así como los colores multiformes, también aparecían paneles de colores fosforescentes que bloqueaban las diferentes vías de retorno.

Cuando pudo dominar las distintas sensaciones que lo embargaban, empezó a intentar analizar lo que observaba. Las personas que cruzaban las calles estaban acompañadas por luces con formas humanoides. Conforme siguió avanzando, empezaba a comprender que cierto tipo de luces de alguna aparecían al costado de algunas personas. Afinando sus sentidos, se dio cuenta que las luces eran un tipo de ente que parecían seguir a los vivos en general; mascotas e incluso lo árboles parecían estar acompañados de estas luces.

Dio la noche y por fin había arribado a donde quería llegar.  Se había perdido y muchas veces había desistido en proseguir su búsqueda; sin embargo, sentía que, a pesar de la horripilante travesía, algo le daba fuerzas para encontrar su destino. Sus manos empezaban a hormiguearle. Las luces verdes fluorescentes se proyectaban en la oscuridad del descampado al cual había llegado. Solo un edificio en la penumbra lo acompañaba.

Un olor a ceniza invadía todo el lugar. No veía a nadie, se estaba preocupando. Dejó su guitarra en el suelo, por si tuviese que huir rápidamente, acercó sus dos manos a la boca y gritó “¿hay alguien aquí?” El silencio fue la única respuesta que obtuvo. Tenía frio, pero ningún apuro por regresar y atravesar nuevamente el campo minado de extraños seres que podía ver.

Una parte de sí se sentía decepcionada, la otra preocupada; no tener una respuesta a su condición lo acercaba cada vez más a una posibilidad más concisa de estar volviéndose loco. La soledad lo ayudaba a reflexionar sobre su situación. Se sentó en el suelo, dándose por vencido de lo que estaba por venir. Sacó su guitarra y empezó a improvisar una versión acústica de “Madness” de Little Sea, para calmar sus nervios y preparase para su retorno, tras el cual afrontaría la idea sobre el tratamiento que tuviese que seguir.

Estuvo en ese estado durante unas cinco canciones, hasta que escuchó un ligero ruido detrás suyo. Antes de voltear unos veloces pasos salidos del edificio al frente de él eran acompañados por un grito de “¡cuidado, no vayas a voltear!”. Un hombre salió de la penumbra agitando uno de sus brazos, que estaba envuelto en vendajes y por un halo de luz dorado. “No voltees”, le volvió a gritar el hombre, continuando con “tienes una sombra de hombre con sombrero muy cerca, camina despacio hacia mí”. Luka atendió al llamado y lentamente dejó su guitarra y se dirigió hacia el desconocido.

Mientras se acercaba al hombre con vendas en el brazo y rostro, se dio cuenta que una luz fucsia fosforescente salida del edificio se disparaba en dirección contraria a su lenta caminata. “Ven más cerca” le indicaba el hombre. Cuando llegó, este lo abrazó fuertemente, con un tipo de emoción familiar. “No tengas miedo por mi aspecto, chico”, escuchó. Mientras era protegido, intentaba mirar hacia su espalda, forzando la vista por entender de que se le había advertido.

Se mantenía abrazado por el desconocido, cuando pudo entender que la luz que salió disparada hacia la oscuridad era la de un perro. Los ladridos del can lo delataron. Sin embargo, la feroz actitud del animal empezaba a cambiar por la de aullidos y suplicas ante lo que parecía ser la sombra de una especie de hombre que se mantenía parado en un punto fijo. Este ente era sumamente extraño, le daba frio de solo observar el contorno del delgado cuerpo que la oscuridad ocultaba. Lo más resaltante de este ser era el sombrero de copa que portaba.

“Para ser sinceros, tengo tanto tiempo acá, pero no entiendo a esa sombra”, le dijo el desconocido, agregando “por fortuna, salimos bien librados. A veces la sombra se acerca hacia nosotros, pero esta vez se ha quedado molestando al perro, nada más”. El hombre de los vendajes terminó su monólogo con “vamos, entremos al edificio, estás temblando. Vamos, con cuidado para no alertar a la sombra. Adentro te explico lo demás.”. Sin embargo, Luka, fue reacio a hacerle caso y se excusó para quedarse en la entrada de la construcción.

En la entrada al edificio Luka pudo darse cuenta que este parecía haber sufrido un incendio y a ello debía el olor a ceniza del ambiente. Sentados en unas escaleras que conducían al interior de la construcción, el desconocido se sentó silenciosamente en un escalón diciéndole “Entiendo tu desconfianza, mi aspecto es un poco desagradable y además no me he presentado. Me llamo, Ephi, yo era bombero, a eso le debo estos vendajes. Fue justo en este lugar que casi muero. Sin embargo, no pasó y porque creo que se debe a algo, aquí es donde cito a gente como nosotros”. “¿Cómo nosotros?”, preguntó Luka.

Durante la larga conversación, Luka pudo obtener a modo de respuesta que “todos tienen luces en sus cuerpos. Al comienzo es difícil entenderlas, pero ellas no tienen una lógica como la nuestra”. A ello, Ephi agregó “hace unos cuantos años que llevo aquí, me hace sentir mejor. Que gusto de conocer más gente como nosotros, somos pocos, pero unidos, debes visitarnos más para aprender más sobre nuestra capacidad única. A veces nos visita un maestro espiritista, él nos guía.”

La madrugada estaba por llegar. Luka se excusó con la hora para retirase, recibiendo como advertencia final de Ephi “no le tengas miedo a la sombra de aquel de sombrero, siempre esta allá, sus intenciones son impredecibles, pero no te pegues mucho, que a veces nos hace sentir débiles o nos paraliza. Se va a volver madrugada mejor que alguien te acompañe, es difíciles orientarse cuando comienzas ver estas cosas, a mí me paso lo mismo que a ti; pero yo me perdí por varios días hasta encontrar este lugar. Es extraño, como si el lugar me hubiese guiado a él”

Luka agradeció el gesto, pero no comprendía quién podría acompañarle, pues no había percibido que alguien más estuviese cerca. Mientras Luka se acercaba al descampado, con cuidado para recoger su guitarra, Ephi gritó mirando al techo del edificio “¿alguien quiere acompañar a nuestro nuevo amigo?” Desde el techo ubicado a una altura de siete pisos, le pareció ver a una persona lanzándose rodeado de una luz roja. Mientras caía del edificio le gritaba a Luka “¿Eras tu quien tocaba la guitarra?”.

martes, 20 de septiembre de 2016

XII. Pixelita



Había hecho su glamuroso ingreso al bar. No esperó demorarse tanto en llegar, pero sus arreglos para esta ocasión especial, le hicieron perder la noción del tiempo. A pesar de que nunca gustaba de usar zapatos de tacos, quería sacar más de una mirada de envidia esa noche y ganar uno que otro nuevo seguidor. El humo exagerado del local, le dificultaba divisar la mesa donde la esperaban. Sin embargo, sin pensarlo se adentró a buscar a la única persona que le interesaba en ese lugar: Kamikazee.

En la penumbra del bar pudo distinguir a Gea, por los arreglos fosforescentes en su cabello. Los había encontrado. Gea volteó casualmente, pero a pesar de cruzarle la mirada, posiblemente no la vio, porque no reaccionó. Mientras caminaba hacia su destino, el dj había cambiaba la canción a la mitad de otra. Le parecía curioso que empezara a sonar “FM Doll” de Queen Andreena. Acercándose cada vez más a su destino empezaba a divagar pensando sobre la casualidad de aquella canción; cada vez que iba de visita con Gea a este bar, sonaba esa, como si el encargado de la música la estuviese esperando para ponerle. Se sentía como en una película, “tengo soundtrack y todo”, pensó.

No se había dado cuenta, pero ya estaba parada al frente de la mesa donde la esperaron por más de dos horas. “¡Cómo te demoras ¡”, le increpó Gea, agregando “mira lo mujer que estás, tú nunca te he visto así. Pero, ¿Por qué? te has sacado el cableado que te hice en el cabello.”. Como respuesta irónica e inmediata Pixelita dijo “como tú nunca te vistes bien, me críticas”, pasando después a saludarla. Mientras se acercaba a Gea, observaba a un silente Kamikazee observándola detenidamente.

Sólo saludó a Gea, pues esperaba que los hombres comenzaran con la presentación o siquiera con algo más que un balbuceo; algo que aparentemente Kamikazee ni siquiera podía hacer. Se había dado cuenta que su presencia acaparaba la atención de Gea y con ello había acabado con la reunión, por lo que recurrió a dejar de ignorar a los otros dos acompañantes. “Hola C.A., Gea me ha contado mucho de ti” dijo Pixelita con su chillona voz, sin darle mayor importancia a Kamikazee. Continuando con la conversación, ella señaló “en los foros te has ganado mucho prestigio. Nunca esperaba físicamente un chico tan como tú. Bueno no lo digo en el mejor de los sentidos”. La risa de Gea, acompañaban a la suya. C.A. motivado por las palabras se reconectó a la conversación.

Terminado el casi monólogo de C.A. sobre sus aventuras en la red, Pixelita quería retomar la conversación y monopolizarla simulando responder a lo dicho por C.A., con “como decía, todos ocultamos bien nuestra información personal, excepto uno de nosotros”. Dirigiéndose a Kamikaze “Hola migue, realmente te vez mejor que en tus fotos; sí que eres poco fotogénico. Deberías borrarlas y no porque te vez mal, sino porque otros te pueden seguir, ¿me entiendes?”. Kamikazee desenmascarado, algo nervioso, le preguntó bromeándole “¿así como tú lo has hecho?” Como respuesta tácita, Pixelita volteó a ver a Gea con el ceño fruncido, para después reírse nerviosamente.

Como no tenían más pruebas que las palabras de su prima, Pixelita evadió lo dicho por Kamikazee, cambiando el tema de conversación por otro. Dirigiéndose a Kamikazee empezó a preguntarle “¿cómo te parezco Migue? mírame y dime, ¿acaso de perfil no parezco una actriz de cine?”. Antes de que Kamikazee pudiese decir nada, Gea intentó intervenir, pero Pixelita la detuvo diciendo “aparentemente es una pena que la belleza no es heredada por todos. Digo esto porque obviamente ustedes deben de estar más que enterados por la enorme boca de Gea, que somos primas”. Todos en la mesa empezaron a reír y pedir más bebidas.
Pixelita se sentía imparable en la conversación, buscaba señalar e ironizar los defectos físicos de todos los presentes. Comentarios como “este es tu chico, ¿no Gea?, parece un chico malo. Aun así, no tuviese esos moretones me asustaría, no intento ofender, pero es la verdad, disculpa”, no dejaban de salir de la bica de Pixelita.  Podía ser que el alcohol, motivase a las risas, porque desde otra perspectiva, los comentarios que ella hacia podrían haberse considerados faltos de tacto en otros contextos.

Se sentía nerviosa, a pesar de creer tener tema de conversación. Sin embargo, en un momento los defectos físicos acabaron, así que tuvo que pasar a los temas polémicos diciendo “¿cómo no hay más prostitutos hombres?” De reojo observaba, esperando la reacción de Kamikazee; sin embargo, este seguía con las palabras medidas como se había pasado casi toda la noche. Ella quería conversar con él y con nadie más. Su voz chillona, entonces disparó un “Migue me debes muchas disculpas. Antes has rechazado todas mis propuestas para salir.” Todas las miradas pasaron a centrarse en Kamikazee, así como las interrogantes de C.A. y Gea, que no se hicieron esperar.

La noche le había parecido sumamente divertida, la había alejado de lo que había visto en las redes esa tarde. Sin embargo, el efecto del alcohol empezaba a adormecer su cuerpo y mente. Antes de dar por finalizada la reunión, las ideas sin censura salieron de su cabeza a modo de un discurso final “disculpen por la demora, me obsesioné un poco antes de venir, revisando unas conexiones. No me miren raro, todos tenemos un hobby. Lo extraño de esta señal es que me aparece como si quisiera ser observada. No sé si es un hacker o un productor pornográfico.” Soltó un conjunto de risotadas mientras se despedía de C.A. y Kamikazee, quienes intercambiaban miradas de intriga.

martes, 13 de septiembre de 2016

XI. Gea



Observaba que C.A. regresó del baño con el rostro algo preocupado. Inmediatamente al incorporarse a la mesa, la sujetó de la mano, entrelazando sus dedos con los suyos.  No le puso demasiada atención, porque estaba poniéndose al día sobre la vida de Kamikazee. “Hay que tener un poco de cuidado”, le murmuro C.A. al oído. Ella, se hizo la desentendida, solo quería relajarse; no le importaba la incomodidad de C.A. en lo absoluto.

A pesar de lo dicho por C.A., continuó con su parloteo “como te contaba, nosotras, somos casi hermanas. Así como tú con C.A.” Como respuesta a ese comentario, Kamikazee, le explicó sobre su relación con C.A., y como se conocieron desde niños. Mientras este hablaba, Gea en su mente, pensaba en cómo pedirle al encargado de la música que cambiara de canción. Hacía mucho tiempo que Kyo dejó de gustarle, y “Je Te Vends Mon Ame”, no la ponía de buen humor.

Particularmente, este día se sentía más desenfrenada de lo normal. Las palabras salían su boca sin siquiera pedirle permiso a su mente. Parecía que nada censuraba sus pensamientos. El local donde se encontraba la "transportaba" a otro estado según las canciones que sonaban. Pero, por el momento, las que estaban sonando, la alteraban en el peor de los sentidos, impacientándola, tanto como las palabras de Kamikazee.

Para fortuna suya, la canción había cambiado como por arte de magia, o porque ella le había lanzado un conjunto de furiosas miradas fulminantes al dj. A pesar de no haber escuchado ni una sola palabra de Kamikazee, ella continuaba mostrándose interesada en el monólogo que este recitaba. A mitad de la conversación que este empeñaba en tener, lo interrumpió riéndose mientras le dijo “no es por hablar de más, pero Pixelita sabe mas de ti que cualquier otra persona que te conozca; Ella, se cree una detective. Es más, hasta te siguió físicamente más de una vez, y tu ni enterado”. Kamikazee detuvo su conversación en seco. Su rostro reflejaba esperar oír más confesiones de Gea.

“The Peter Pan Syndrome” de Decartes a Kant sonaba. La sonrisa de Gea se hizo notar. C.A. también parecía dejarse llevar por el estado de ánimo de su acompañante. El alcohol los sus movimientos de todos parecían haber hecho una buena combinación. Los ahora tres integrantes de la arrinconada mesa al fondo del bar, empezaban a compartir más libremente temas mundanos, terminando sus cervezas.

“Ey Kami,” le dijo Gea, “sería interesante juntarme con amigos que tengan un auto”. Kamikazee sonrió tímidamente como respuesta, mientras Gea proseguía con “a Pixelita y a mí nos gustaría que nos des un paseo. Claro si es que ella llega hoy… Espero que venga porque a mi prima no le gusta salir mucho de casa”. El alcohol hacia su parte, Gea contrajo abruptamente su cuerpo, exclamando “no tenía que decir ni relaciones ni nombres”.


Las expresiones de Kamikazee emulaban no escuchar las decepcionantes palabras de Gea. Casi a gritos Gea dijo “¡maldita música vieja¡. Pero que aburrido dj, va de mal en peor” Sonaba de fondo de “Shock the System” de Billy Idol. Mientras se reía, tomó un largo trago directamente de la botella, meneando la cabeza al compás de la canción. Sentía que Kamikazee estaba sumamente decepcionado. No soportaba ver a un chico lindo así, por eso no se contuvo y envió un mal escrito mensaje “Ven que tu chico no espera más por ti”. “Ya estoy cerca” recibió casi de inmediato.